Desde la Edad de Piedra hasta nuestros días, 9000 años después el láser parece haber conseguido borrarlos sin dejar huella.
Una marca para toda la vida que, con los últimos avances en láser, parece que ha dejado de serlo.
¿Y para quitarlos?
Según los últimos estudios el 60% de las personas que se han hecho un tatuaje deciden quitárselo 3 años después.
Parece que hoy en día eso es posible, porque los avances en medicina estética y el resurgimiento del láser han conseguido que todos puedan eliminarse. Los más difíciles de quitar son los amarillos, rojos y verdes claros, ya que los láseres disponibles son poco captados por esas tonalidades. El láser es más eficaz en los tonos oscuros.
Para suprimir totalmente un tatuaje el especialista necesita analizarlo para, a partir de ahí, escoger el láser más adecuado. Los más adecuados son el láser de Alejandrita, el de Rubí y el ND-YAG que actúan directamente sobre el pigmento sin producir lesiones en la piel. El láser de CO2 no está indicado para esta finalidad. Basta con 3 o 4 sesiones para la desaparición total, en el caso de los amarillos, rojos y verdes claros serán necesarias más. ( Ver tipos de láser.)
La sesión de tratamiento dura unos pocos minutos. Aunque los impactos del láser son molestos, la escasa duración no lo convierte en un tratamiento desagradable.
Se realiza con anestesia local en sesiones mensuales y no conviene tomar el sol mientras dure el tratamiento.
Ahora que parece no ser para toda la vida este arte en la piel, quizá desde algunos sectores de la sociedad empiece a mirarse con otros ojos.
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